La filosofía,
a pie de vida.
Un blog para detenerse, hacerse preguntas y volver a lo cotidiano con otra mirada.
Un triple propósito
Este blog ve la luz en internet a raíz de la publicación de La Asignatura Oculta, pero como plasmación de una idea largamente imaginada; tener un lugar particular para recoger y compartir reflexiones, en gran parte de filosofía práctica.
Al ser un pensamiento recolectado a pie de vida cotidiana y con vocación de tener utilidad, también se colarán temas que entren en lo profesional, lo económico, lo tecnológico y el “management”, siempre que incluyan una perspectiva más o menos filosófica o de observación constructiva.
Sin duda el primer propósito, tanto del blog como del libro, ha tenido siempre como destino a mis hijos. Aunque quizás todo autor escriba también un poco para él, y más cuando se trata de filosofía. En cualquier caso, lo que empezó como poco más que unas notas nacidas de reflexiones vivenciales y de algunas lecturas, se convirtió en un manual de una asignatura no enseñada como tal en las escuelas, aunque la vida acabe enseñándonosla de algún modo a fuerza de aciertos y errores.
Justamente porque existe esta enseñanza “oculta”, hecha de siglos de filosofía práctica, se llega a la segunda propuesta de este blog y del libro; no tiene mucho sentido empezar intelectualmente desde cero cada nueva generación. Llevamos más de dos mil años pensando sobre estas cuestiones y algunas respuestas han resistido bastante bien el paso del tiempo y la prueba de la realidad. Conviene recoger esos “mimbres” de conocimiento filosófico y seguir construyendo desde ahí.
Pero ese esfuerzo desvela también una tercera realidad, un tercer propósito; algunas de las grandes preguntas y tensiones humanas no tienen una solución limpia y definitiva. Hay valores y bienes genuinos que pueden entrar en conflicto, y no siempre es posible conservarlos enteros a la vez. En esos casos tenemos que aprender a conciliar, no repartiendo la razón por la mitad, sino buscando la respuesta más verdadera, justa y prudente dentro de cada circunstancia. Quizás así podamos dejar de repetir algunos conflictos como si nadie los hubiera pensado antes y acercarnos, al menos, a esa referencia ética común y universalmente compartida que tanto necesitamos en este siglo XXI.