René Girard
Reconocer la imitación y la rivalidad que intervienen en nuestros deseos.
La lectura de las novelas descubre modelos, celos y rivalidades en deseos que sus protagonistas creen espontáneos.
Mentira romántica y verdad novelesca
1961
El deseo tiene un tercer vértice
Girard cuestiona la idea de que deseamos de forma espontánea y completamente autónoma. Entre sujeto y objeto suele intervenir un modelo: alguien cuyo deseo imito o a quien atribuyo una forma superior de existir. El objeto adquiere valor porque parece acercarme a esa persona. La mentira romántica consiste en ocultar esta dependencia; la gran novela puede revelar la estructura triangular que el personaje no reconoce.
Del modelo al rival
Cuando el mediador está lejos del mundo del sujeto, como los caballeros para don Quijote, la imitación no desemboca necesariamente en competencia directa. Cuando ambos comparten un espacio de posibilidades, el modelo puede convertirse en obstáculo y rival. La admiración se mezcla entonces con resentimiento. Cuanto más parece impedirme alcanzar lo deseado, más prestigio adquiere y más intenso se vuelve un deseo que ya depende de su resistencia.
Lo que descubren las novelas
A través de Cervantes, Stendhal, Flaubert, Proust y Dostoievski, Girard sigue diferentes configuraciones de esa dependencia. Esnobismo, vanidad, celos y aspiraciones sociales no se explican solo por el atractivo del objeto. Con frecuencia deseamos apropiarnos de la supuesta plenitud del modelo. Alcanzar el objeto decepciona porque no produce la transformación del ser que se esperaba. La rivalidad puede seguir creciendo aunque el premio concreto pierda importancia.
Reconocer la propia participación
La revelación novelesca culmina cuando se abandona la pretensión de excepcionalidad y se reconoce la semejanza con los rivales. Girard interpreta algunos desenlaces como conversiones que deshacen el orgullo del deseo. La imitación se vuelve engañosa cuando el personaje oculta cuánto depende de su modelo. La teoría desarrollada después sobre violencia colectiva y chivo expiatorio no constituye todavía el argumento central de este primer libro.
Mención en La Asignatura Oculta: pp. 84, 303.