Platón
La educación del deseo y la tensión entre lo singular y lo universal en la búsqueda del bien.
Los discursos del Banquete confrontan distintas experiencias del amor: deseo de posesión, educación, búsqueda del bien y apego a una persona.
El banquete
Siglo IV a. C.
Una conversación sobre el deseo
Varios invitados pronuncian discursos sobre Eros durante un banquete. La forma dialogada importa: el amor aparece sucesivamente como impulso heroico, institución educativa, armonía y búsqueda de una unidad perdida. El célebre relato de Aristófanes imagina seres originarios divididos que desean reencontrar su otra mitad. Después, Sócrates expondrá una explicación diferente, recibida de Diotima.
Ni plenitud ni simple carencia
Sócrates relata la enseñanza de Diotima. Eros desea lo que no posee y ocupa una posición intermedia entre la ignorancia y la sabiduría, entre lo humano y lo divino. Hijo de Pobreza y Recurso, carece y a la vez inventa caminos. El amor aspira a poseer el bien de manera duradera. Por eso su horizonte es también la inmortalidad: buscamos persistir mediante los hijos, las obras, la virtud o el conocimiento.
La educación del amor
La ascensión descrita por Diotima comienza en la belleza de un cuerpo, descubre la belleza de los cuerpos en general y se dirige después hacia las almas, las prácticas, las leyes y los saberes. Culmina en la contemplación de la Belleza en sí, no sujeta al deterioro de sus manifestaciones particulares. El deseo aprende a reconocer distintas manifestaciones de lo bello y a buscar aquello que las hace deseables.
El regreso a una persona concreta
La entrada de Alcibíades interrumpe la elevación teórica con un retrato apasionado de Sócrates. Su atractivo reside en una riqueza interior que desmiente su apariencia. El cierre devuelve tensión y ambigüedad al diálogo: el ideal filosófico convive con celos, frustración y deseo personal. Queda abierta la dificultad de relacionar el ascenso hacia lo universal con el amor a alguien singular.
Mención en La Asignatura Oculta: p. 177.