Benedicto XVI · Joseph Ratzinger
La unidad del amor humano y la responsabilidad concreta hacia el prójimo desde la fe cristiana.
La encíclica distingue las responsabilidades de la política y de la caridad, y explica por qué la justicia institucional deja tareas de atención personal.
Deus caritas est
2005 · publicada en 2006
Amor que recibe y amor que se entrega
La encíclica examina la relación entre eros y agape. La maduración del amor reúne deseo y entrega: integra cuerpo y espíritu y conduce a buscar también el bien de la otra persona.
Una respuesta al amor recibido
El punto de partida es teológico: el amor de Dios precede a la respuesta humana. El mandamiento de amar responde a ese amor previo. El encuentro con el prójimo y la relación con Dios se reclaman mutuamente; una religiosidad que ignore la necesidad ajena contradice esa unidad.
Justicia y atención personal
La segunda parte trata la práctica de la caridad. La construcción de instituciones justas es una responsabilidad política; no elimina la necesidad de una atención que reconozca a cada persona. La ayuda concreta tampoco sustituye el trabajo por la justicia. El argumento pertenece expresamente al horizonte de la fe cristiana.
Cómo se concreta la ayuda
La acción caritativa requiere competencia y atención personal, además de recursos. La encíclica pide que la ayuda no se convierta en instrumento partidista ni en un medio para imponer la fe. Quien ayuda debe reconocer sus límites, cooperar y evitar la pretensión de resolver por sí solo todo sufrimiento.